Washington unido en su apoyo a la OTAN

KAY BAILEY HUTCHISON
Embajadadora de EEUU ante la OTAN
30 de Agosto de 2017

La política de partidos y la polémica suelen dominar las noticias de Washington. En todo el clamor es fácil pasar por alto el consenso nacional sobre un tema importante: la necesidad de revitalizar la alianza de seguridad más crucial para Estados Unidos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Fui nombrada Embajadora de Estados Unidos ante la OTAN por el presidente Trump a finales de junio. Al hacer la ronda por los distintos despachos del Congreso previa a mi audiencia de confirmación, encontré una casi total unanimidad entre republicanos y demócratas por igual sobre el futuro de la OTAN.

No hay ninguna diferencia apreciable entre las posturas del presidente, del Secretario de Estado Rex Tillerson, del Secretario de Defensa Jim Mattis o de los senadores de un partido u otro sobre la necesidad de revitalizar la OTAN para que pueda satisfacer las necesidades de hoy en materia de seguridad, manteniendo al mismo tiempo el principio básico recogido en el artículo 5 del tratado fundacional de la Organización — que un ataque contra uno es un ataque contra todos.

Existe un fuerte consenso de que un renacimiento de la OTAN ofrece la mejor esperanza para unir a nuestros aliados occidentales contra amenazas que incluyen la intolerable agresión rusa en Ucrania, el terrorismo internacional, las capacidades nucleares y misilísticas de naciones canallas, y los esfuerzos para eliminar las libertades religiosas e individuales en todo el planeta.

La OTAN es la alianza de más éxito de la historia del mundo. Fue fundada sobre la convicción de que un potente esfuerzo conjunto por las democracias de Europa y América del Norte era la manera más eficaz para disuadir y contrarrestar la expansión comunista y prevenir una Tercera Guerra Mundial. Esa noción mantuvo unida a la Alianza durante más de 40 años, pasando por muchos cambios de gobiernos y ganando la Guerra Fría.

Tras la disolución de la Unión Soviética en la década de los 90, el futuro de la OTAN se tornó incierto. Reducida la amenaza militar inmediata, ¿hacía falta todavía la OTAN? Durante una breve época de buenas sensaciones, parecían menos importantes las preocupaciones en materia de seguridad y se produjeron extensas reducciones en preparación de defensa. Algunas voces pedían hasta el ingreso de Rusia en la OTAN.

Esos días quedan ya muy atrás. Han surgido nuevos retos de seguridad, y no limitados sólo a la agresión militar rusa en Ucrania. Se producen también ataques contra el mismísimo corazón de nuestras instituciones democráticas, y el terrorismo se ha convertido en amenaza mundial, especialmente en Europa, como ha demostrado el reciente ataque en España.

Como inicio esencial de la revitalización, todos los miembros de la OTAN han de cumplir con el compromiso adquirido en la cumbre de 2014 en Gales — es decir,  dedicar a la defensa el 2 por ciento del producto interior bruto y aportar el 20 por ciento del presupuesto nacional de defensa de cada miembro a equipamientos importantes y modernización. Si los 29 países de la OTAN cumplieran ya todos con la financiación a este nivel, se hubieran generado más de 100 mil millones de dólares en financiación para la defensa en 2016, extendiendo el reparto de la carga que ahora soportan desproporcionalmente los contribuyentes estadounidenses. Los aliados deben aumentar su inversión, ya que su propia seguridad y la nuestra colectiva lo requiere.

Bajo el liderazgo del Secretario General Jens Stoltenberg, los miembros de la OTAN aceptaron delinear planes concretos para alcanzar su objetivo del 2 por ciento en gasto militar.  En junio, los miembros accedieron individualmente a asumir, por primera vez, el conjunto completo de objetivos en materia de capacidades militares  que les asignaba la OTAN.

Por parte de Estados Unidos, el presidente Trump ha propuesto dedicar casi 4 800 millones de dólares a la Iniciativa Europea de Disuasión para reforzar la seguridad en el flanco oriental de la OTAN, como demostración de nuestra voluntad de defender a nuestros aliados. No obstante, sé muy bien por mi estancia en el Senado que este esfuerzo no podrá continuar si los demás  miembros de la Organización no cumplen sus obligaciones.

En mis reuniones con senadores este verano, me animó constatar un compromiso unido y bipartidista con la OTAN. No cabía un alfiler entre las prioridades de los republicanos y los demócratas respecto a nuestro deber de defender nuestros valores comunes de libertad individual, democracia, derechos humanos y el estado de derecho.

El Congreso y la administración Trump creen que una alianza de 29 democracias occidentales es mucho más eficaz a la hora de garantizar nuestra seguridad que un país actuando solo. Dicha unidad envía importantes mensajes a amigos y adversarios por igual.

Kay Bailey Hutchison, ex Senadora republicana por Texas, es Embajadora de Estados Unidos ante la OTAN.

Traducción del artículo publicado en The New York Times el 30 de agosto de 2017