Artículo de opinión del Embajador Duke Buchan III: España y la ciberamenaza del 5G

España y la ciberamenaza del 5G
Embajador Duke Buchan III

Este artículo apareció en la edición de La Vanguardia del 2 de diciembre de 2019.

La quinta generación de tecnología móvil, o 5G, tendrá grandes ventajas para España si se maneja adecuadamente. Mientras que el 5G implica velocidades cien veces más rápidas en internet y redes capaces de manejar millones de dispositivos nuevos, también podría abrir nuestros sistemas vitales –bancos, hospitales y hasta nuestros electrodomésticos– a actores, empresas o regímenes malignos. Por ello es vital que España sea precavida en su adquisición y administración de nuevas tecnologías 5G.

Todos ya dependemos de las redes para nuestra vida cotidiana. Esa tecnología de cuarta generación –el 4G– permitió innumerables innovaciones habilitadas por velocidades más rápidas y más datos (Uber, Netflix, Instagram y Google Maps, por nombrar sólo algunos). Hoy no podemos siquiera imaginar las revolucionarias aplicaciones que están por venir. El salto del 4G al 5G es comparable al salto de la máquina de escribir al ordenador personal. El potencial económico global del 5G es asombroso, y España, al igual que todos, puede y debe sacarle provecho. Estados Unidos cree que esto se puede lograr mientras se salvaguarde la seguridad personal, económica y nacional.

Habrá que asegurarse de que los proveedores de equipos 5G y las redes aledañas se manejen con seguridad, respeto a la privacidad y bajo un régimen que nos proteja de los riesgos de este salto tecnológico. No queremos que este renovado ciberecosistema suponga una amenaza a la seguridad nacional, la privacidad, la propiedad intelectual o los derechos humanos.

Cabe recalcar que lo barato sale caro, en 5G como en todo. Empresas chinas como Huawei y ZTE están bajo el control de la República Popular China por ley. O sea, tus datos y los míos que fluyan por estos equipos –por baratos que sean– llegarían a manos del Estado chino, que a la vez tendría la habilidad de manipular, interrumpir o controlar sistemas y equipos en nuestras casas, empresas y gobiernos.

Tampoco podemos confiar a la República Popular China nuestra privacidad personal. En un futuro 5G, eso significa que las redes de Huawei y ZTE podrían verse obligadas a entregar a las autoridades de inteligencia de la República Popular China lo que decimos y hacemos en línea, imágenes de nuestras caras o huellas digitales, los destinos a los que conducimos nuestros automóviles o la conversación con nuestro médico, y a seguir nuestras actividades utilizando la internet de las cosas, todo sin nuestro conocimiento o consentimiento.

¿Realmente queremos que China posea la capacidad de controlar nuestros aviones, coches, bancos u hospitales? ¿No sería mejor que esas capacidades estuvieran en el futuro bajo el control de compañías de países democráticos?

Las alternativas fiables son la solución. Ericsson, Nokia y Samsung ofrecen la misma calidad, si no mejor, y no responden a regímenes autoritarios que puedan exigirles que roben sus datos o que apaguen sistemas críticos con el clic de un botón. A diferencia de las empresas chinas, estas otras tienen estructuras corporativas abiertas y transparentes. No reciben millones de dólares en subsidios de sus gobiernos. Y sí se rigen por leyes de privacidad y de seguridad establecidas por la Unión Europea.

España debe decidir la mejor manera de proteger su red, proteger los datos de los ciudadanos españoles y garantizar la competitividad de sus empresas. El 5G afectará a todos los españoles y a todas sus empresas en el futuro. El momento de garantizar que sea seguro y libre de la influencia de regímenes autoritarios es ahora.

Lo barato sale caro en 5G como en todo: los datos que fluyan por los equipos llegarían a manos del Estado chino.